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“COVID-19: Las vacunas como un bien público mundial”

Se cumplió más de un año desde que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia en relación al virus del SARS COV 2, lo que comenzó como una epidemia que afectaba una ciudad rápidamente escaló a una pandemia que alcanzó cada rincón del mundo, nadie quedó ajeno al virus, desde las distintas sociedades vieron sus sistemas de salud, en muchos casos, al borde del colapso y en algunos casos continúan esforzándose para contener o controlar la pandemia.

El desconocimiento tanto de la peligrosidad como del nivel de contagio de la enfermedad llenó de incertidumbre a la sociedad y a los tomadores de decisiones, quienes debieron poner en primer lugar de sus agendas el combate contra el virus. El coronavirus puso en jaque todos los órdenes de la vida pública, confinó a los/as ciudadanos/as en sus hogares (en aquellos casos en los cuales los/as ciudadanos/as tenían acceso a vivienda digna) y obligó a nuevas dinámicas de educación, trabajo e incluso de relacionamiento no solo entre personas sino que también entre Estados. 

Si bien la tecnología ya mediaba nuestras vidas, a partir de la pandemia se transformó en el principal canal de comunicación entre ciudadanos/as e incluso entre Estados, prueba de ello fueron las últimas sesiones de Asamblea General de Naciones Unidas las cuales contaron con la participación telemática de los mandatarios o el desarrollo de sesiones parlamentarias de manera virtual en una gran cantidad de países. La masiva aceptación de nuevas plataformas de comunicación virtual pondero nuestra relación con las tecnologías de la comunicación e informática, mientras aumentó drásticamente la brecha de conectividad con aquellos que no tienen acceso a dispositivos electrónicos adecuados y a la necesaria conectividad. De esta manera el acceso a internet como un derecho humano se puso en la agenda de discusión.

El desarrollo de diferentes vacunas, permite poner en marcha una estrategia que ponga fin a la propagación del virus, sin embargo, además de la salud, esta pandemia afectó fuertemente la economía. Los planes de desarrollo económico post pandemia requieren la cooperación de la comunidad internacional además de la articulación de intereses estatales propios, el financiamiento para el desarrollo de infraestructura estratégica en salud y saneamiento desde hospitales hasta infraestructura crítica para acceso al agua aparecen como una prioridad ante un futuro incierto en relación al desarrollo de nuevas pandemias. El coronavirus dejó en claro que cualquier estrategia a largo plazo para contener otras posibles pandemias requieren de un sistema internacional con mayor cooperación, que permita sobre todo a los países con menor desarrollo un mejor acceso al crédito que garantice derechos desde el acceso al agua hasta el acceso a internet.

Para ello se recuerdan las resoluciones 74/270, de 2 de abril de 2020, y 74/2, de 10 de octubre de 2019 y se reafirma el papel fundamental que cumple el sistema de las Naciones Unidas en la coordinación de la respuesta mundial para controlar y contener la propagación de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) y en el apoyo a los Estados Miembros y, a este respecto, reconoce el papel rector crucial que desempeña la Organización Mundial de la Salud. Además, se alienta a los Estados Miembros a que colaboren con todos los/as interesados/as pertinentes para aumentar la financiación de la investigación y el desarrollo y eficacia en el tiempo de vacunas y medicamentos, aprovechar las tecnologías digitales y fortalecer la cooperación científica internacional necesaria para combatir la COVID-19 y reforzar la coordinación, incluso con el sector privado, con miras a un rápido desarrollo, fabricación y distribución de diagnósticos, medicamentos antivirales, equipo de protección personal y vacunas, respetando los objetivos de eficacia, seguridad, equidad, accesibilidad y asequibilidad.

Por esta razón y frente al desarrollo de vacunas y la falta de distribución y cooperación entre los Estados, se insta a que se cambie de rumbo en las actuales estrategias de vacunación contra la COVID-19, instando a que las vacunas se traten como un bien público mundial para garantizar que estén disponibles de forma equitativa en todos los países, y no sólo para aquellos que hacen las ofertas más altas por ellas. Ya que la distribución equitativa de las vacunas no sólo es aquello que corresponde, sino que es la mejor forma de controlar la pandemia para subsanar los errores y las consecuencias en distintos niveles tanto a nivel local como internacional.

Finalmente, es necesario hacer hincapié en la responsabilidad de la industria farmacéutica de compartir la propiedad intelectual obtenida con apoyo de los gobiernos para permitir a los fabricantes de todos los países el acceso a las vacunas para todos/as, que deberían considerarse un bien público mundial. Además, se debe invertir en fábricas capaces de producir vacunas de la mayor eficacia posible y facilitar su rápida distribución allí donde sea necesario.

Se insta a todos los Estados del Consejo Económico y Social a encontrar la mejor solución frente a la problemática para que se pueda controlar la pandemia a nivel internacional buscando soluciones de manera conjunta eficientes y eficaces.