Tópico AG

«El (des)interés en la cooperación internacional frente a las pandemias»

A través de la historia el mundo ha vivido y ha atravesado distintas experiencias a nivel global que han impactado directamente en los distintos Estados y particularmente en la sociedad. Ello ha llevado a adoptar distintas visiones frente a las problemáticas de carácter estructural. Por un lado, el avance de la globalización hacia una cooperación entre los Estados y por el otro el cierre de las fronteras y una mirada más doméstica e interna.

Setenta y cinco años después de la última guerra mundial, el mundo se enfrenta de nuevo a una batalla mundial. Esta vez, toda la humanidad lucha en el mismo bando contra la enfermedad por coronavirus (COVID-19). La pandemia se ha cobrado en muy poco tiempo cientos de miles de vidas, ha infectado a millones de personas, ha perturbado la economía mundial y ha causado un miedo generalizado al futuro. 

El problema principal radica en que una pandemia ha encontrado a través de la subjetividad colectiva del miedo y la incertidumbre a nivel mundial una arista a través de la cual se han tomado y se toman decisiones a nivel estatal que impactan directamente en la vida de cada una de las personas.

De esta forma, se evidencia que el mundo en su conjunto se encuentra frente a un “enemigo invisible” ante el cual un Estado o un conjunto no puede simplemente atacar sino que debe encontrar las herramientas correctas para poder combatirlo de manera efectiva. El problema es que surgen intereses encontrados tanto a nivel económico como político y social que plantean nuevas divisiones y profundizan anteriores.

Es así, que muchos Estados han optado por una cooperación para enfrentar la problemática y otros han decidido buscar una solución puertas adentro a través del desarrollo de políticas públicas para frenar la pandemia. 

Las Naciones Unidas se han movilizaron pronto y de manera amplia, encabezando la respuesta sanitaria a nivel mundial, continuando y ampliando la prestación de asistencia humanitaria vital, desarrollando instrumentos de respuesta rápida a las repercusiones socioeconómicas y estableciendo un amplio programa de políticas para la acción en todos los frentes. También han prestado apoyo operacional a los gobiernos y otros asociados de todo el mundo. La pandemia es más que una crisis de salud; es una crisis económica, una crisis humanitaria, una crisis de seguridad y una crisis de derechos humanos, que ha afectado a las personas, las familias y las sociedades. La crisis ha puesto de relieve las fragilidades dentro de las naciones y entre ellas. No es exagerado sugerir que nuestra respuesta implicará rehacer y reimaginar las estructuras mismas de las sociedades y las formas en que los países cooperan para el bien común. Para salir de esta crisis será necesario un enfoque que abarque a toda la sociedad, todos los gobiernos y todo el mundo, impulsado por la compasión y la solidaridad.

Por ello, el 24 de septiembre de 2020, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterrez, señaló que aunque en una situación tan grave como la que vive el mundo a causa de la pandemia del coronavirus la cooperación entre los países es primordial, y que lamentablemente no ha ocurrido. De esta manera, la escala alcanzada por el COVID-19 es el resultado de “una falta de preparación, cooperación, unidad y solidaridad global”. 

Las pandemias en general son una crisis en sí misma, y en particular la pandemia de COVID-19 se produce en un contexto de fuertes tensiones geopolíticas y diversas amenazas globales de formas impredecibles y peligrosas. A nivel regional, las tensiones en ciertos lugares del mundo han imposibilitado las relaciones entre los Estados y su proyección a nivel internacional que ha causado, en varios países, el fracaso frente a la pandemia. Esto ha puesto en jaque la gobernanza global y el multilateralismo y requiere de la colaboración entre las partes para adaptarlos a los nuevos desafíos del siglo. 

La Asamblea General, creada en 1945 en virtud de la Carta de las Naciones Unidas, ocupa un lugar central, ya que es el órgano principal de las Naciones Unidas de deliberación, adopción de políticas y representación. La Asamblea General está integrada por los 193 Miembros de las Naciones Unidas y constituye un foro singular para las deliberaciones multilaterales sobre toda la gama de cuestiones internacionales que abarca la Carta. También desempeña una función importante en el proceso de establecimiento de normas y en la codificación del derecho internacional.

Desde los comienzos de la presente pandemia, la Asamblea General de Naciones Unidas, se ha encontrado trabajando arduamente llevando a cabo su trabajo a través de diferentes medios para garantizar continuidad y mitigar la propagación de la enfermedad y colaborar para establecer lazos y puentes entre los distintos Estados para incentivar la cooperación internacional. 

De esta forma se señalan distintas Resoluciones de la Asamblea General sobre la pandemia de COVID-19 como lo es la A/RES/74/270 que destaca la Solidaridad mundial para luchar contra la enfermedad por coronavirus de 2019 (COVID-19) y hace hincapié en el papel central del sistema de las Naciones Unidas en la catalización y la coordinación de la respuesta mundial para controlar y contener la propagación de la COVID-19, y reconociendo, a este respecto, el papel crucial que desempeña la Organización Mundial de la Salud. Adicionalmente, reafirma la adhesión por parte del órgano deliberativo a la cooperación internacional y al multilateralismo y su firme apoyo al papel central del sistema de las Naciones Unidas en la respuesta mundial a la pandemia.

Por otro lado, la A/RES/74/307 determina una respuesta unificada de los Estados frente a la crisis que ha desencadenado en los distintos niveles la pandemia reconociendo así el papel esencial de las Naciones Unidas como órgano que puede conjugar efectivamente una respuesta mundial para controlar y contener la propagación del COVID-19 y encarar las interrelaciones fundamentales entre la salud, el comercio, las finanzas y el desarrollo económico y social, y reconociendo también que la enfermedad repercutirá negativamente en la labor encaminada a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030.

Es así que la Organización de las Naciones Unidas insta a que se adopten estrategias basadas en tres pilares fundamentales:

  1. Una respuesta sanitaria a gran escala coordinada e integrada con organismos estatales y supraestatales;
  2. Un esfuerzo de amplio alcance para hacer frente a las devastadoras consecuencias socioeconómicas, humanitarias y de derechos humanos de la crisis;
  3. Un proceso de recuperación que permite reconstruir mejor. La salida de la crisis es una oportunidad para hacer frente a la crisis climática, las desigualdades, la exclusión, las brechas de los sistemas de protección social y las muchas otras fragilidades e injusticias que se han puesto de manifiesto.